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Columnista

Por: Camilo Di Croce


 

EL ALTO EN LOS RIELES: EL VERSO COMO ARMA 

Como vestido de bodas, una noche sucumbió, entre broncas y risas, la conciencia colectiva. El destino del tren se vio amenazado por lo buenos recuerdos, por una tibia, cruda y cruel disponibilidad, un intento de impulso, que puso en jaque los corroídos rieles.
Todo comenzó en una oscura noche sin nombre, sin piedad, en un desparpajo unísono, en el último vagón; en el que según los rumores plantados por los Caporegimes, le dedicaban rarezas e incomprensiones. Allí, entre luces tenues, pero audaces y perspicaces, con tan solo un vejo de esperanza abollada. La voz del viejo arrojó un poema derrotista y poco alentador, pero con el absoluto deseo de dirigirlo quirúrgicamente al átomo, que daría nacimiento a un nuevo desarrollo al brote de esperanza (al menos, aquella era la ilusión de esperanza del pobre viejo).

 


Con una voz altisonante se despacho, y disparó: estos versos que llamó:
“Entre Escombros”
La suerte hecha añicos.
La bruma nubla aún más la razón de la dulzura,
razón que impide tener la precisión y cordura alevosa,
hincando nuestras consciencias,
apuntando verdades, empujándolas al vacío, de los pasos sin huellas.
Una consciencia que crece y ametralla
la belleza de días perdidos.
Gastados en océanos de nada
naufragando la dicha de aquellas pupilas apagadas.
De un futuro que es pasado y de otro muy lejano.
Entre las voces apagadas, sobre las tumbas
ya no se sienten a  aquellos héroes eternos cansados, abatidos y regresivos, casi en retirada
miran los destinos como campos minados
miran el arrebato cotidiano, de una dignidad blindada, y burlados,
por marionetas descontroladas
derribando tácticas vacías,
se empujan a la soledad.
Rescátalos, solo rescátalos…

… Los Algunos  cuando se alertaron del temblor de la voz, sobre sus cuerpos corrió un escalofrío  con olor a libertad, se sintieron encrucijados: amaron lo desconocido, pero rápidamente olvidaron la sensación que aparecía como pócima. La barbarie calaba hondo en esos espíritus huérfanos de piedad.

Los informes de emergencia se escalonaban rápidamente, los rapaces Algunos agrandaban los dichos a los Capitanes. Y los Capitanes entregaban a La Surgenta reales amenazas a las tres leyes imperantes. Cuando en realidad, el último vagón, solo respiraba poesía, por un instante.

La absurda obstinada obsesión por cuidar el mandato, acarreaba, no solo a escindir y reprimir todo lo bello, sino a instituir caos innecesario. Nada se podían hacer al respecto, ni siquiera lo advertían los pasajeros del tren.

Tanta conmoción provocó el ejército, que desestabilizó la serenidad ningunneana del último vagón, y hasta para sorpresa de sus propios pasajeros, aquel, descarriló.
Las virtudes se enmudecieron pálidas, perdieron rápidamente el brote poético oscuro, y primaveresco a la vez, que él viejo Nicanor, en un acto de angustia, disparó de manera fugaz, a los tripulantes atrapados en el tren.
Tan solo el viejo y un grupo de jóvenes pudieron reconocer la indignación poética de tamaño calibre.

 El desconcierto en el último vagón, era sincero, en parte, porque cada espíritu que allí transitaba, sintió la tenue brisa de las ansias de justicia adormecidas en lo más  recóndito y oscuro, donde anidan los sentimientos lánguidos y atesorados. Justicia, que se permea de vez en vez.

Una patrulla, con instrucciones precisas de La Surgenta, desplegó a lo largo del tren un comunicado donde transmitía, con palabras groseras y aburridas, que el último vagón de manera imprevista había descarrilado y que tenían pruebas de la existencia de reos, a los cuales localizarían y los pondrían a disposición de La Surgenta, para que todo el peso de la nada recaiga sobre ellos.
Unido a aquel comunicado, advirtieron, de manera disminuida y casi encubierta, un alto en las vías para encarrilar aquella mueca de esperanza.
El alto en las vías ya estaba oficializado. Ahora, iban a plantárselo a quienes tuvieron la osada actitud de realizar una apreciación del arte diferente al establecido.

Mansamente el tren frenó. En medio, un paisaje repleto de montes bajos, donde la luna y las estrellas oficiaban antaño del dolor de cuerpos hacheros y quejidos agónicos de colosales bosques desbastados por el apetito insaciable  de obtener ganancias de capitales ingleses, hoy, eran testigos del profundo intento de disciplinar, por parte de La Surgenta, la psicosis y la paranoia por ella misma instaurada a los pasajeros desprevenidos.
Una escuadra tomo contacto con el exterior del tren.

Al cabo de un tiempo… Ingresaron, analizaron si era necesario desprender el vagón para escarmentar a los tripulantes y condenarlos al paganismo sin patrocinio o aislarlos de la belleza inventada. La última palabra era de La Surgenta, quien en una actitud faraónica, decide seguir contando con el “último vagón”.

Los tripulantes del tren jamás supieron si el vagón descarriló o el alboroto fue producto de la ineptitud. Esto, consecuencia de la ensalada de cerebros, de la Surgenta, sus Caporegimes y del ejército de Los Algunos.

Tal situación se transmutó en un auténtico arcano y se reprodujo en infinitas crónicas que se auto desmentían permanentemente. Pan y circo gratuito de aquellos días.





VOLVIENDO A JORGE MUSSIN UNA VEZ MAS

 Hace no mucho tiempo, junto a Marcelo Cena- profesor de Historia, quien a parte de trabajar de su profesión se desempeña como responsable del Archivo Histórico de la ciudad de Reconquista- decidimos retomar una investigación que se encontraba trunca, o mejor dicho que la habían comenzado y por diferentes motivos no le pudieron dar desarrollo.

Se trata de la vida de Jorge Mussin, sacerdote tercermundista de la Argentina quien ejerció su sacerdocio en La Gallareta entre finales de la década del 60 hasta el año 1980.

Entrado los 80 decide abandonar el sacerdocio, aunque no las luchas que llevó a cabo toda su visa.

Mussin fue el fundador de la “Casa del Niño de La Gallareta”, organizó el sindicato ACHA que nucleaba a los hacheros de la Cuña Boscosa, fue parte imprescindible en la lucha por los derechos de los hombres en el norte de la provincia de Santa Fe.


 

Una vez retirado, siguió trabajando en minoridad en la provincia de Entre Ríos durante más de una década.

Falleció a causa de un accidente de tránsito en la ruta provincial Número Uno.

Lo encontró la muerte en una etapa de su vida dónde se estaba dedicando a la reconstrucción de la C.O.E (Casa del Obrero Estudiantil) que alberga a estudiantes de varias regiones del país en la ciudad de Santa Fe.

En el transitar de la investigación nos encontramos con la posibilidad de trabajar sobre dos futuras publicaciones. La primera,  vida y militancia de Jorge Mussin y la segunda, Jorge según los testimonios de sus amigos y compañeros de ruta durante toda su vida.

A continuación transcribimos un testimonio de uno de sus compañeros y amigo, que muestra claramente que es lo que buscamos reivindicar cuando volvemos a Jorge Mussin.

TESTIMOSNIO DE VIDA DE MI AMIGO JORGE MUSSIN
Por Pedro Escalante-  Año 2000

Al hombre, al amigo, al hermano: Fue en la Cuña Boscosa, al norte de la provincia de Santa Fe, Dpto. Vera y Gral. Obligado. Para mí, fue uno de los tantos hombres gauchos de nuestras tierras, por desgracia quedan pocos. Lo vi trajinar entre los humildes de la Cuña Boscosa, zona inhóspita, sin pensar que ejercía el sacerdocio era un católico, representaba al Hijo de Dios en la tierra, vestía como un habitante más de esos lugares, no admitía el atuendo típico de los curas tradicionales, considerando que lo alejaba de los que el amaba y lo necesitaban, aceptaba una relación de igual a igual con los lugareños; así fue, tal vez, mi acercamiento hacia él, que con el tiempo se fue construyendo y fortaleciendo una gran amistad puesto que conversábamos mucho sobre la realidad social de nuestro país y en especial de la humanidad toda. Era un visionario del futuro de la humanidad con ideales bien definidos, irrenunciables, tal vez estos conjuntos de cosas nos llevaron a comprometernos con un gran entusiasmo con la familia hachera del Norte Santafesino. Fue mi asesor, porque yo empecé a formar parte del Sindicato de hacheros “ACHA” de los dptos. del norte: Vera y Gral Obligado, en un primer tramo como Tesorero y luego como Secretario General del Sindicato, eso hizo que mi amistad sea más intensa con él, su colaboración era cada vez más importante puesto que se trataba de una persona capaz, inteligente, honesta, confiable y desinteresada.

Los logros obtenidos junto al amigo Jorge Mussín son primero conocimientos de los derechos laborales de la flia. hachera, el pago de las asignaciones familiares, sistema directo al beneficiario por correo y en efectivo. Se logró el reconocimiento tanto de la caja de Subsidios Familiares como del Ministerio de Trabajo, lo dificultoso que era hacerse acreedor de las asignaciones Familiares por razones climáticas ya sea de lluvia, calor, frío y distancia.

Quiero aclarar que no fue el único que colaboró conmigo, hubo otras personas, pero en este caso estoy significando lo que fue Jorge Mussín a mi lado.

Hemos viajado a distintas provincias visitando referencias regionales en materia de trabajo, en esto puedo hacer referencia a la Cooperativa de Campo Herrera, de Famaillá, Pcia. de 

Tucumán, la vida de los hacheros Chaqueños en su provincia: Bajo Hondo, Saenz Peña, Castelli, y otros. Para mí fue una riqueza humana de difícil reemplazo.

Trabajó incansablemente en la Casa del Niño de La Gallareta, se preocupó tal vez de muchos problemas individuales de la gente humilde al margen de su trabajo colectivo, no tengo la menor duda que cuanto gesto bondadoso de su obra vivirá eternamente en el anonimato porque él no era un publicista de su trabajo.

Luego viene a mediados de la década del 70 la disolución de toda actividad política y sindical, fue nuestra gran corona de espinas, premio nefasto tal vez por haber llevado adelante un proceso revolucionario de la Cuña en beneficio de la gran familia hachera, puedo decir con orgullo que a partir de esta obra, en gran medida muchas familias que vivían en condiciones muy humildes tuvieron colchón, cocina a gas, bicicleta, chapas para techo, sus hijos se educaron en gran parte con estudios secundarios y muchos chicos y chicas de esa época hoy son docentes que han podido emigrar buscando mejores condiciones de vida. A partir de entonces pasamos unos 20 años sin vernos, había que emigrar. De vuelta lo encontré aquí en Santa Fe trabajando en la C.O.E. Fue corto el tiempo que pudimos disfrutar conversando de las cosas lindas de la vida y su preocupación era la juventud. Luego viene el accidente automovilístico que trunca su vida, deja un profundo vacío en mí, y hoy a través de este escrito quiero rendirle mi más sincero homenaje por su gran obra valiente y desinteresada, que esto se conozca y sea digno de copiar sabiendo que hubo una persona que se llamó Jorge Mussín, que luchó con gran animosidad para devolverle la dignidad a toda la familia por donde él pudo transitar. Una lección de vida, un valor humano que ya no está físicamente. Hasta aquí Pedro Escalante, mi testimonio, mi mejor homenaje, lo llevaré eternamente en mi memoria. Querido Jorge Mussín, tu amigo.

 

 




UN VIAJE AL FONDO DEL PRINCIPIO

 …Tras la tormenta queda reinventar el mundo, 
aunque haya quien hoy quiera levantar otro espejismo. 
La realidad termina donde acaban nuestros sueños, pues vivimos…
 Ismael Serrano


El silencio de la siesta preocupa y genera una tibia incertidumbre. Comienzo a darle forma en mi cabeza a un viaje. Suena el teléfono, lo miro y dudo en atender. Finalmente lo hago y lo despreocupante- ahora- es el fin por el cual me llaman. Cada vez que me empeño por planificar algún viaje, la cotidianeidad se encarga de transformarlo en un disparo. La rapidez con que escapan los momentos que nos hacen eternos, no tiene explicación. Y la sensación de sentirse esclavo del tiempo se instala en lo más profundo del corazón, desgarrando lo inquebrantable.

El viaje está decidido. Destino la Cuña Boscosa, o parte de ella.

Un colectivo está a punto de iniciar viaje en terminal de Reconquista, las caras de los viajeros no son las mismas a las que llevan los días entre semana, ahogadas por la rutina y el trabajo. Es fin de semana y a la mayoría, estudiantes y trabajadores, los espera días de descanso. Una vez dentro, la gente no se abarrota, hay espacio y no deja de sorprender.

El viaje comienza y me dispongo a disfrutarlo, con las escasas posibilidades que existen, me acomodo a aquella realidad, deseando imperiosamente salir de la zona, ansiosamente espero ver aquellos pequeños quebrachos que comienzan a avisarme que la ciudad de Vera y su departamento están próximos.

Contra la ventanilla, casi a mitad del coche, veo como el campo fértil del cordón del Paraná va quedándose atrás y tímidamente nos vamos metiendo en el límite geográfico de la Cuña Boscosa. La ruta Nacional número 11 no tiene un buen peregrinar y sus baches e imperfecciones me devuelven mentalmente dentro del coche, paneo la situación y rápidamente vuelvo a abstraerme.

Los campos sedientos nuevamente de agua, con un gris descomunal sobre las copas de sus árboles, el amarillo del yuyal y las nubes de humos que se desprenden del horizonte como plegaria pagánica a la lluvia, son suvenires que atrapan mi atención y me llevan a dispararme al centro del monte, sin poder despojarme de la historia de estas tierras, del yugo y la intensidad entre las compañías forestales, los hacheros y los colosales bosques convertidos en diminutos montes.

 

Otro bache me despabila nuevamente, y nos encontramos próximos a la ciudad de Vera. Una represa artificial, el viejo frigorífico, una estación de servicio, unos juncos sobreviviendo al costado del camino, una especie de barrio residencial conformándose; comienzan a pintar lo contrastante de la realidad de la ciudad. Preparados para entrar, veo entre pastos largos una bienvenida opaca y a punto de ser restaurada, o tal vez sea una sensación al ver personas vestidas uniformes  merodeando en el lugar.

Inmediatamente mis recuerdos se hacen presentes y logro figurarme la imagen del monumento al hachero, el cual me roba una sonrisa, y una pizca de vacilación invade mi mente plantando el interrogante, de si es justo que allí esté dicho monumento, en una ciudad comercial por excelencia, polo administrativo del departamento.

Diviso el monumento, me corre un escalofrío por el cuerpo y me replanteo la idea anterior. Y digo que sí, es justo a pesar de todo. Quizás lo correcto sea que Villa Guillermina, Villa Ana, Tartagal y La Gallareta tengan el suyo. Aunque en el fondo no deje de ser una reivindicación efímera, habiendo tanto por reivindicar y construir en este país.

Vera tiene una apariencia de ciudad triste, con sus construcciones viejas entreverándose con la nueva arquitectura, su aspecto parece gris, aunque estoy convencido que no es todo aquello, quizás esté influenciado por un estado de ánimo castigado por  el cansancio y mis ganas de cambiar tantas cosas. Desde la ventanilla se notan sus calles inundadas de melancolía, empujadas por un fuego que arrastra las pasiones de forma acelerada y frenética; Lisandro de la Torre, San Martín, Corrientes y el encanto inolvidable de calle Belgrano, dan una precisa sensación de lo que allí existe, aunque estoy convencido de que es mucho más profunda de lo que puedo llegar a imaginar, ver y sentir.

La ciudad se apaga en mis ojos con la retirada del colectivo, que se sobresalta con el estado de las calles. Una parte de ella se repite, para darnos paso una vez más a la ruta, para así continuar con el destino planeado.

La tarde cae precipitosamente, los últimos rayos de sol resisten de modo inútil, el frío se acentúa con presencia insensible y el viaje comienza a mostrar su onírico final.